12 de febrero de 2007

Los ritos de Matsu




Matsu, diosa del Mar en China tiene un templo precioso en Tainan, al sur de Taipei. Allí, al entrar, nos sorprende esta letanía cantada para purificar el templo y alejar del recinto a los malos espíritus. Sólo teníamos a mano la cámara de fotos, pero el sonido es aceptable y la imagen da una idea de la riqueza del templo y de la intensidad del momento.

Apenas con pequeñas campanas vibra todo el aire dentro del templo, las mujeres giran sobre sí mismas, repetidamente invocan a la diosa y preparan el templo para la gran fiesta. Matsu es la diosa a quien sirven otras deidades, como los dioses que representan a los cuatro mares conocidos del orbe chino. La diosa prometió un día hacer todo lo posible para que nadie vuelva a perecer en un naufragio.

Por eso debemos pedirle que nos sea propicia, también aquí, en el mar del tiempo.


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H i s t o r i a de M A T S U
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Según afirma Luis M. Chong en su blog, Matsu tiene una variedad de títulos que fue adquiriendo a través de los siglos: Santa Madre en los Cielos, Concubina Celestial, y Emperatriz Celestial. Es la protectora de la gente común y eso la convierte en una deidad popular.

En China, muchos dioses parten de una historia real y esta es la de Matsu, siguiendo a Luis M. Chong:

"Era una sencilla muchacha que nació en el pueblo de Meizhou, una pequeña isla en la provincia de Fukien, China continental. Su nombre real era Lin Mo-niang y ella era muy piadosa con sus familiares y vecinos. Según los registros que se conservan en muchos templos, ella salvó muchas personas, incluyendo a su padre y hermanos, de perecer en medio de terribles tormentas. Su antepasado más remoto es Lin Lu, un funcionario de la dinastía Tsin (265-420) que fue enviado por el Emperador para ocupar el cargo de prefecto de la ciudad de Foochow en el año 325.
De acuerdo con la tradición popular, Lin Mo-niang fue llevada a las nubes en el noveno día del noveno mes lunas del año 987, cuando tenía apenas 27 años de edad. El fenómeno ocurrió en la cima del Monte Meifeng, cerca de su pueblo natal y ella se transformó en una diosa.
El más antiguo de los templos dedicados a Matsu en el área de Taiwan no se encuentra en la isla principal, sino que está en el cercano archipiélago de las Pescadores (Penghu). En este grupo de diminutas islas se encuentran más de 140 templos, pero el más importante de ellos es el Templo Tienhou, dedicado a la deidad guardiana de los mares.
El Templo Tienhou fue construido a inicios de la dinastía Ming (1368-1644), y se le considera como el edificio religioso más antiguo que se haya construido en Taiwan. En 1563, tras el triunfo en una batalla naval contra los japoneses, el entonces Templo de Matsu fue expandido por primera vez. Posteriormente, fue renovado y agrandado en 1592, cuando el ejército de la dinastía Ming obtuvo otra victoria sobre los japoneses. Finalmente, cuando los holandeses fueron expulsados de Penghu en 1624, fue renovado otra vez.
En 1683, las fuerzas manchúes bajo el mando del almirante Shih Lang atacaron Penghu y destruyeron el último reducto de la resistencia de los grupos leales a la derrocada dinastía Ming. Al desembarcar, Shih acudió al templo para agradecer la ayuda de los dioses. En su informe al Emperador, Shih reclama que cuando entró a la nave principal del templo, la cara y el vestido de la diosa estaban empapadas con sudor, siendo señal que ella le había ayudado en su campaña contra los rebeldes que rehusaban aceptar el mandato de la nueva dinastía.
Al año siguiente de la victoria, se emitió una proclamación imperial elevando a Matsu a la posición oficial de Tienhou o "Reina del Cielo". Con tal proclamación se confirió el nombre que actualmente lleva el templo y el reconocimiento oficial de la deidad aumentó la devoción en el pueblo y la importancia de los templos dedicados a ella.

Existen más de 200 templos de Matsu en Taiwan, y el Templo Chaotien es considerado como uno de los más importantes sitios dedicados a la deidad en la isla. Todos los años, cientos de miles de fieles acuden al sitio en primavera para participar en las celebraciones del cumpleaños de la protectora de los mares.

Las celebraciones, que suelen durar una semana, tienen como punto de partida el Templo Chenlan, ubicado en Tachia, distrito de Taichung. La impresionante procesión tiene un recorrido total de 372 kilómetros y pasa a través de los distritos de Taichung, Changhua, Chiayi y Yunlin, antes de retornar al templo en Tachia. En el trayecto, la imagen de la diosa visita alrededor de otros veinte templos dedicados a ella.

18 de noviembre de 2006

Todos los Prometeos roban algo

FOTO JPL/NASA

Es cosa de niños. Einstein decía que Dios juega a los dados. Más allá de las metáforas sí existe el juego, según vamos descubriendo, además de violentos cataclismos, ahí arriba.

Tal y como se vio cuando se descubrieron lentas ondas gravitatorias que mecen los anillos de Saturno, el sistema anular de este planeta no deja de captar nuestra atención, sorprendernos y hacernos sonreír. Hoy es este juego gravitatorio.

Se trata de Prometeo, una roca traviesa de cien kilómetros de ancho. Una vez por órbita acaricia el anillo F y le pellizca un girón. Prometeo, el de la mitología, robaba fuego a los dioses. El satélite Prometeo roba polvo y hielo flotante al cinturón de Saturno (¿acabará usando tirantes?). El caso es que está previsto que en 2009 la roca se zambuya de lleno en el anillo F, y los astrónomos esperan para ver qué ocurre, si rompe el anillo, si le roba su materia. Si los dioses lo castigan.

Tal vez también a éste le llegará su sanmartín.

13 de noviembre de 2006

Contraluz

Foto JPL / NASA


"Sombras perdidas en la multitud... la multitud de las sombras", que cantaba A. Vega.

En la zona de sombra todo cambia, la luz más débil cobra importancia. Así, un nuevo anillo, en realidad un par, ha sido descubierto por la sonda Cassini al pasar por la sombra de Saturno y mirar hacia el Sol. Juego de sonda y sombra.

El anillo exterior coincide con la órbita de dos pequeñas lunas: Jano y Epimeteo. Ambas poseen muy poca gravedad. Pierden su propia materia polvorienta y helada y alimentan el sistema de anillos.

Ahora, antes de pensar que se acabó el misterio pensemos desde nuestra mota azul (la tierra es, desde Saturno, sólo una mota azul) en mitad de la noche: qué giratorio cuerpo el de la nada (esto lo dijo Valente) y, sin embargo, existe allí este manantial leve de polvo fantasmal, casi invisible, si no fuese por el contraluz. Por qué comenzó y cuándo acabará esta bruma lechosa de materia oscura. Llevamos mucho tiempo dándole vueltas al Sol. Además hay nuevos misterios: los científicos no saben porqué los anillos tienen distinto color -incluso el mismo anillo- dependiendo de la inflexión del contraluz.

Tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita (Celan)

Misterio, mandorla.
Tu ojo está frente a la almendra.
frente a la Nada está.

17 de octubre de 2006

La máquina del tiempo

Estábamos en el despacho de Juan Luis Arsuaga, en el Instituto Carlos III.

Él trataba de poner un ejemplo de cómo el tiempo es un continuo, que nos relaciona con el pasado remoto, directamente. Una idea de arraigo interesante, en la que el fósil es mi abuelo, y mi maestro, en la que yo repito y renuevo sus sueños y sus miedos, sus costumbres paleolíticas. El paleontólogo propone un juego: mira el dentro del paisaje y encontraras tu rostro.

«En la llamada Tierra de pinares, -dice Arsuaga- en Segovia, junto a Santa María la Real de Nieva y Domingo García hay un afloramiento de pizarra, y, grabado, un caballo paleolítico. Los pinares están plantados sobre un mar de dunas, un desierto -como el Gobi-, trenes de dunas que había al final de la glaciación hace trescientos mil años, con humedales intercalados. Allí estaban vagando las manadas de caballos y los hombres las seguían. Desde allí se domina toda la zona, es un hito. Hay tumbas visigóticas excavadas en la pizarra. Es un lugar mágico y más mágico si sabes todo esto.»
»Si puedes entenderlo e ir más allá en la visión de continuidad, llegarás a los pinares en su uso tradicional para resina, durante miles de años, y la llevas a nuestros días y vas a Cantalejo, donde hasta ayer todavía se tallaba la piedra exactamente como en el paleolítico para fabricar las lascas de pedernal de los trillos.»
»Si eres capaz de ver todo esto en la misma visión: las rocas y su origen, la glaciación que hubo allí, los campos de médanos, las arenas voladoras, las manadas de caballos, los grabados, los pinares, la explotación de la resina, las piedras de los trillos..., si eres capaz de tener esa visión integradora del pasado más remoto con el presente más cercano acaricias esa continuidad. Y está el románico de Santa María, y ahora el AVE, y la amenaza de un embalse en la zona de Bernardos.»
»Y al fondo se ve la sierra, azulada, y en primavera coronada de nieve. Pío Baroja decía que parecía una ola gigantesca sobre la meseta. Uno comprende así que es un lugar sagrado.»
»Ese es el servicio que aportan la ciencia y la cultura. No puedes estar trabajando toda la semana como un negro y luego irte a un centro comercial. Hay que sublevarse, eso no es la vida humana. El placer de las cosas -concluye Arsuaga- está en directa relación con el conocimiento que tengas de ellas.»

-Ese es el sitio adonde yo iba en bici a jugar, a ver el caballo, a recolectar piritas de hierro, a mirar el mar de pinos a la espera de un barco... Ese es un territorio que dibuja mi rostro con cara de niño.
-Ya es casualidad. Entonces lo entiendes perfectamente.


El presente nos cerca. El pasado es un sendero borrado, una estela desapareciendo. Hay que leer los signos, es bueno para la memoria, y no nuestros prejuicios. Las líneas imaginarias sólo son un apaño. Sin el ecuador, los meridianos, las órbitas, todo es más bello.

Un hombre caminando, una mujer caminando. Un caballo dibujado en una piedra, bajo las nubes. Y la máquina del tiempo, que mira por nuestros ojos.

13 de octubre de 2006

Pesimismo / optimismo

Amanece.

4 de agosto de 2006

Con Pla en el Cabo de Creus

Estos días, leyendo las Historias del Ampurdan, editadas por Juventud, me quedo con los relatos de Pla sobre el contrabando en las arriesgadas costas del Cabo. Los relatos vívidos y vividos, como siempre, documentan no sólo las artes perdidas en el mar del tiempo, el calafateado y diseño artesanal de las naves de pesca y cabotaje, las técnicas para esquivar la atención de los carabinieros y la guardia civil antes de desembarcar el contrabando..., también son testimonio de un mundo perdido rápidamente. Ni la controlada locura daliniana, que mal envejece, por cierto, podría haber imaginado qué rápidamente desaparece todo en una inundación, tsunami desde tierra, de turistas sureños y nórdicos, gadgets electrónicos, coches con navegador GPS y dietas escandinavizadas.

No por mucho madrugar amanece más temprano, y el caso es que en el Cabo madruga el amanecer, por ser la punta oriental de la península. Ahora bien, los atascos en la escarpada carretera a Cadaqués y los tumultos que persiguen el genio desaparecido, tal vez cubierto por la bruma, o soplado por la tramontana como un sueño ligero, de Dalí, no van a dar con el mundo que la realidad de esta luz mineral les ofrece.

Perdido el ancestro rural, el país cuyos paisanos, según Pla, decían "voy al Ampurdán" cuando salían del cabo; desaparecido el sabor de las cosas reales y difíciles en esta dramaturgia de veraneo continuo, de facilidad, que la costa ha sabido construir, basta mirar con nuestros ojos para extraer la sustancia que la realidad nos oculta, como siempre. Rostros, sueños, torpezas, nostalgias, mundos perdidos... todo eso permanece, como las olas, las pocas medusas que mueven su miriñaque con elegante prestancia y casi con urticante coquetería. La ensalada de lenguas y miradas, la amanida de perfumes y bronceadores, es parte de la vida aquí. Es la piel de un rostro que no podemos dejar de mirar.

Luego, al fondo, la lectura y la viviencia infantil de otros mares más de pescadores de la era humana y sencilla, no del siglo del puerto deportivo y el turismo activo, pueden pintar para nosotros las raíces que, en el fondo, todos venimos a buscar: el silencio, y el mar hecho murmullo. El viento jugando con nuestros pasos, en un fondo húmedo y callado. El cielo barrido por el viento. Las personas cercanas. Los sabores del mar. Las largas sobremesas.

Levantamos los ojos del libro y ahí están las historias de hoy, como entonces, distintas pero humanas, de tan deshumanizadas. La soledad no se la lleva el viento, va pegada a cada uno. Mi vecino de mesa mira al horizonte. Y aquí podría empezar una aventura, un relato distinto.

Porque el mar es una piel y el sol gira inconscientemente. Sólo la luna mueve esta realidad, esta marea que los hombres no sabemos gestionar. Recuerdos, sentimientos, horas luminosas.

La sal, de nuevo. El corazón llegando hasta los ojos.

10 de julio de 2006

Musa y variaciones

poetic unreason

Algunos escritores son exploradores. No desfilan como modelos morales ni sociales por el mundo. Están ahí, y dejan huellas para llamar nuestra atención. Invocan nuestra libertad de conciencia, sobre todo de conciencia, nos azuzan. Pero la libertad es nuestra, para explorar o no, con ellos o sin ellos de la mano.

Quién puede juzgar, extraliterariamente, los infiernos que habitaron, nos legaron o heredaron. A veces parecemos estúpidamente convencidos de que vivimos en un entorno controlado. Y el error no puede ser más grande.

¿Cuántos podrían protagonizar su propia pesadilla? ¿Cuántos acaban felices después de tantos tumbos? ¿Cuántos caen en manos de jóvenes viudas profesionales, atolondrados y flébiles ancianos, y son acaso por ello menos valiosos sus libros?

Cuantos mienten y engañan, lo hacen primero a sí mismos. ¿Es un lector dominical, por ejemplo, moralmente capaz de juzgar más allá de su libertad de exploración/ expresión? Amores otoñales, si Serrat los cantaba en Tío Alberto.

Y no sabemos lo que callan en proporción con lo que escriben, lo que ocultan en proporción con lo que muestran, lo que olvidan en proporción con lo que rememoran o inventan.

Como escribió mi amigo Gradolí: No conoces a un hombre, le miras solamente.

Está de moda analizar la salubridad política o sentimental de los escritores, no sólo por el dominical que, hace ya semanas me indignó tanto como para escribir esta entrada. Porque no trataba de conocer las tormentosas relaciones del poeta de Deià con quienfuese, ni de indagar bibliográficamente sus historias. Sólo se quedaba en el cotilleo de quién y a quién le compró qué casa...

Quien se adentra en una obra de arte lo hace a su propio riesgo, gustaba decir Wilde en el prólogo de Dorian Gray. Para leer un poema no es necesario mirar el IRPF de su autor, ni de su musa.

Está de moda juzgarlos como si fuéramos a votarlos para dirigir nuestras finanzas públicas. Y no, los leemos porque nos espolean, porque nos invitan a entrar literariamente donde no entraríamos de otro modo, tal vez. Los leemos porque tienen para nosotros mensajes cifrados desde algún lugar de difícil acceso, de vivencias inéditas o tierras ignotas. ¿Exigiríamos a Cervantes no ser prófugo? ¿A Byron no ser mujeriego? ¿A Sade no haber ni catado nada de lo que nos cuenta?