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30 de enero de 2010

Clint Eastwood, realidad y ficción


El amigo Clint ha sacado el poema de William Ernest Henley Invictus que Mandela usó como salvavidas espiritual durante sus duros años de encierro como texto inspirador de la victoria del equipo de rugby sudafricano en 1995. Aunque en esta película podemos decir que la cosa funciona -Clint es Clint y sabe lo que hace- me ha dado bastante que pensar esta licencia literalmente "literaria" que se ha otorgado el otrora duro director, porque los hechos no fueron realmente así.

Paréntesis. Invictus es una película esperanzadora. Da la impresión de que en sus últimos filmes Eastwood explora nuevas formas de búsqueda del sentido de la existencia, alejándose del fiero nihilismo al que nos tenía acostumbrado en títulos como Mistyc River. El mismo nihilismo que tal vez ya comenzaba a derretirse en Grand Torino con la inmolación de su protagonista.

Lo cierto es que, en Invictus, Clint nos da un cambiazo; porque lo que Mandela regaló en realidad al capitan de los Springboks fue una alocución de Teddy Roosevelt en la Sorbona de París, en 1910.

¿Su tema? La ciudadanía de los hombres libres que enarbolan su dignidad frente a la antigua metrópoli, el orgullo de los criollos americanos frente a los sabios y decantados modos de la vieja civilización europea. La ciudadanía, como empeño y no como teoría, en un tono muy propio de los cuadernos de Azaña, elogiando la acción consciente de sus limitaciones frente a la pureza de la coherencia intelectual, siempre irreal, la del crítico, la del pensador, la de un espectador; la ciudadanía como logro del esfuerzo y la agitada respiración y no como mero formalismo de sello y timbre. Porque el crítico es irreal e irracional de puro racional.

Puede parecer un poco hamletiano eso de cantar la acción mientras se abjura del poder real del pensamiento sin acción... words, words, words!

¡Pero qué gran discurso para la nación arcoíris! Mandela pudo haber necesitado poesía para sobrevivir en la cárcel, pero sabía perfectamente lo que tenía entre las manos en 1995. A mí me gusta más la realidad que la ficción, pero os pongo los dos textos para que vosotros decidáis, el poema de marras y un párrafo destacado del discurso de Roosevelt:


INVICTUS, BY W. E. HENLEY

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

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THE MAN IN THE ARENA, BY T.ROOSEVELT
It is not the critic who counts; not the man who points out how the strong man stumbles, or where the doer of deeds could have done them better. The credit belongs to the man who is actually in the arena, whose face is marred by dust and sweat and blood; who strives valiantly; who errs, who comes short again and again, because there is no effort without error and shortcoming; but who does actually strive to do the deeds; who knows great enthusiasms, the great devotions; who spends himself in a worthy cause; who at the best knows in the end the triumph of high achievement, and who at the worst, if he fails, at least fails while daring greatly, so that his place shall never be with those cold and timid souls who neither know victory nor defeat.

1 de junio de 2009

Robert Graves revisited



Después de un finde con siesta bajo los robles, música de viento y cantos y alas, camino por las montañas, y pensamiento ingrávido bajo el paso de las nubes, como una cosa lleva a la otra, se pasa al Hanes Taliesin, y a William blake y los dioses antiguos, y de ahí a lo natural: sacar de la estantería La diosa blanca, aquella gramática histórica del mito poético.

Las manos acarician páginas amarillentas, o más bien amarillecidas, que conservan los rastros de mil lecturas, los frenazos de aquellas primeras lúcidas colisiones, porque el volumen fue como un CERN para aquel adolescente lector en el que aún me reconozco. Partículas elementales, rastros perdidos, huellas de latidos en senderos muy borrosos. O no. Que la distancia es una barrera de jazmines.

El hilo arranca de la reciente muerte de Ullán, de sus versos maravillosos y del recuerdo de la difícil convivencia de la palabra poética, absoluta diosa blanca anicónica, con la palabra de poder, como la llamaba Valente, o con el sencillo manantial de los días apalabrados, borrándonos en cada trago dicho... O no. Que la voz sigue susurrando idénticos conjuros al mismo centro extrañado. ¿A quién? ¿A qué?

Calderilla de los días, tesoros entre las páginas, pétalos gastados, evocadores, cómo algo tan leve como el ala de una mariposa puede marcar la piel con fuego. Tatuajes, vida, nombres en niebla, que una palabra verdadera o exacta echa a volar en bandada. Y el silencio. Incendio desde la misma chispa idéntica, que, oscuramente, se repite.

El tiempo sigue siendo una entelequia, a veces lo parece. Basta con no dejar de escuchar del todo al loco que fuimos. Basta con acercar la mano al fuego, olvidando la forja. Hay metales preciosos, que empuñamos, que circundan un deseo palpitante. Aún, abrir el día con la posibilidad de volar, montar un dragón de palabras, ser música, mirar a los árboles con vida, los que resisten, dejar el corazón sonando como un tambor atávico, soñando como un tambor bajo agua quieta.

Origen, big bang de una salmodia de luz que nos acompaña, el pensamiento. La canción, antes. El canto precedente, cayendo sobre el agua en vacío.

Entonces encontré el vídeo de la estatua creando ese vacío sobre el agua y el fuego. Buscándo una palabra en nuestro aliento. Ave!

¿A quién? No tengo un nombre y aunque lo intuya erraría. Hay días en que aún lo llamo La diosa blanca devotamente

25 de abril de 2009

Valente




José Ángel Valente habría cumplido 80 años estos días. Su obra sigue cruzando aquel temprano desierto que tantos quisieron parcelar para deslegitimarlo en parte, para convertir en un pentimiento pictórico su genuino intento místico. Alrededor de sus libros, fue dibujando una "experiencia abisal", una mística sin fe, una mística agnóstica, atada a su propia biografía. Sutil construcción que merece volver a visitarse.

Recupero un perfil sobre su obra que publicó Letras Libres en el número de primeros de julio de 2000, en el cual llegué a esta conclusión, que lancé en el texto con el atrevimiento de quien nada tiene que perder. Habrá críticos que negarán la mera posibilidad -cómo ser místico sin creer en la vida de ultratumba- y puede que desdeñen el intento reunificador de los a mi entender mal llamados "dos Valentes". Pero el texto nacía más por una necesidad de comprender que de convencer y, de todos modos, como él mismo me dijo una vez, viéndome un poco agobiado por repartirme entre el periodismo y la poesía y con mi boda en ciernes -¿lógica celta o humor gallego?-, "¡no se puede tener todo!".


En los primeros años noventa, cuando lo conocí, y hablamos, fuera de las entrevistas, algunas veces de poemas como botellas echadas al mar, de poetas como Celan que era y nos hacía ribereños del ser, de jardines..., no pensé, como ahora, que no dejamos de visitar una y otra vez el límite de arena buscando aún el brillo de un mensaje rescatado que, milagrosamente, un buen día, ha cruzado el mar (y el mar es un desierto enorme). No pensé que una fecha como este final de abril me empujase a volver entre sus páginas, buscando aquella forma de escuchar, y la ironía implacable, epigramática. O arañando aquel silencio, que dejaba su delgadez extrema.

2 de abril de 2009

¡Viva El Dodo!

 
















Que viva la revista El DODO, porque acaba de nacer, y porque ya se ha percatado de lo que va a quedar en la cultura popular de tanta polémica sobre el cuadro que era de Goya y ahora todavía no se sabe.

La revista llena un hueco que nos faltaba. Como dice Villapadierna, en el espíritu de la Codorniz. pero patafísico. Español español, un poquito negro pero humor sin sangre, no visceral, no insultante. Hay que leerla y de paso también ir al Prado.
Posted by Picasa

29 de marzo de 2009

Todo sobre El Coloso de Goya



Otra vez polémica que rodea a este cuadro increíble, tras la respuesta de Nigel Glendinning / Jesusa Vega en la Revista Goya. En ese artículo ambos rebaten de forma muy contundente las conclusiones del Museo del Prado, obra de Manuela Mena, porque meses después de publicarse estas teorías aún no convencen a importantes estudiosos.

Para quienes quieran conocer la marcha de la polémica en la hemeroteca de ABC aquí la tienen en un sólo click.

Conviene empezar por el pincipio de todo este lío y tener bien presentes las dos posturas.

Lo que sigue es el artículo de ABC de hoy, en el que se da cuenta de los problemas de la descatalogación.
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La respuesta no ha sido en la prensa, sino en una revista científica. El artículo que ha aparecido hoy mismo en la revista especializada «Goya» va a levantar ampollas en el Museo del Prado, por su enorme contundencia argumental y porque demuestra que la pinacoteca deberá esforzarse y ser más convincente si quiere que importantes estudiosos acepten su hipótesis de que “El Coloso” no fue pintado por Goya.

La teoría del Prado partió de la jefa de conservación y responsable de la colección goyesca del Prado, Manuela Mena. Ella fue respaldada desde la primera rueda de prensa por Miguel Zugaza y Gabriele Finaldi, director y director adjunto del museo. Pero lo cierto es que el artículo firmado por Nigel Glendinning y Jesusa Vega en «Goya» es tan demoledor con los argumentos de Mena como respetuoso con su persona.

Tácticas

Glendinining y Vega analizan las afirmaciones que el Prado colgó en su web el pasado enero. Reconocen algunas aportaciones pero también rebaten las comparaciones que Mena realiza para sostener su hipótesis. El historiador británico no las encuentra convincentes y además revela cierta táctica que subyace a la elección de unas y no otras obras de Goya para comparar detalles del Coloso. Glendinning aporta otras posibles comparaciones más pertinentes en algunos casos. «La dra. Mena echa mano de dibujos, estampas y pinturas de todas las épocas, como si no hubiera cambios ni desarrollo» en Goya a través de los años.

Preguntas

En cuanto a comparaciones estilísticas, la batería de incógnitas es impresionante: ¿Cómo se puede hacer una que sea válida «sin tener en cuenta las distintas fechas de los cuadros y estampas», los géneros, la iluminación de las obras, ni tener en cuenta las restauraciones anteriores en “El Coloso”? ¿Por qué no compara las figuras de la muchedumbre con otras obras donde las figuras están en movimiento, y cómo critica la existencia de personas incompletas en los márgenes del cuadro (aporta ejemplos donde Goya lo hace: La dueña con dos niños, El entierro de la Sardina, El Dos de mayo...)?
Nigel Glendinning y Jesusa Vega responden a Manuela Mena y al Prado en un contundente artículo publicado por la revista «Goya»

Los problemas de perspectiva que Mena adujo reciben igual respuesta: en “La pradera de San Isidro” o en “La corrida de toros” hay figuras y espectadores en los que Goya también se salta las reglas de manera comparable al “Coloso”.


Foto publicada por la revista Goya

Ojo abierto

A medida que los argumentos se acumulan resulta más notable «esta tendencia a pasar por alto hechos y posibles argumentos que no concuerdan con sus propias teorías», «incluso se omiten o se niega la existencia de hechos que no apoyan sus ideas». Por ejemplo no menciona 7 cuadros de autor moderno en las colecciones de la marquesa de Perales y Tolosa en 1874 y sí afirma que “El Coloso” sería el único que no era de maestros antiguos.

Otro error llamativo es el pensar que el gigante tiene el ojo cerrado, cuando en una foto ofrecida en la web del Prado se ve que un mechón baja por la sien y el ojo está «muy abierto y mira fijamente hacia el enemigo invisible». No causa más confianza a los estudiosos la incorrecta descripción que el Prado hace de la muchedumbre que huye del gigante, sin mencionar lo importante, las direcciones distintas de las gentes y el ganado que dan fuerza centrífuga a la escena (algo también utilizado por Goya en la época de la guerra)

Estampa obviada... y fotos

Entre las cosas que el artículo afea a la estudiosa del Prado destaca cómo elude la evidente relación de “El Coloso” con la estampa del mismo nombre —ni siquiera cita el trabajo publicado por Jesusa Vega el año pasado—. La estampa se dibujó invertida en la plancha y al cambiarla se aprecia mucho más el parecido.
Glendinning y Vega subrayan que «las fotografías tempranas tienen más información de la que supone el informe» de Mena, ya que obligan a pensar que el lienzo pasó por restauraciones. También les parece incompleta la indagación en archivos como el de los Fernández Durán, donde se documenta alguna intervención como la referida en 1874 por Vicente Poleró, que ellos aportan.

Sospechas sin prueba

También achacan a la estudiosa del Prado las sospechas que lanza sobre el Javier Goya al dar pábulo a la nunca probada teoría de que manipulaba los cuadros que había heredado. Asimismo la imputan una insidiosa desconfianza en la tradición de quienes defendieron la autoría de Goya desde que el cuadro llega al Prado que no se corresponde con la indemostrada autoría de Asensio Juliá.

Alejar el cuadro de 1812

Todo el empeño de Mena, según tratan de demostrar Glendinning y Vega en su artículo, se resume en alejar “El Coloso” del inventario de 1812, a pesar de que los materiales son de época, según los análisis. Detectando más fallos de los que caben aquí, los dos estudiosos concluyen que «huelga decir que la dra. Mena no quiere relacionar “El Coloso” con la Guerra de la Independencia, ni quiere que tenga explicación coherente el cuadro». Para ellos, los argumentos «no sólo no convencen sino a la larga escandalizan con sus errores y argucias. El publicar un texto de este tipo bajo la protección del Prado, como si aquella institución hubiese aceptado ya sus conclusiones, es un paso en falso muy grave y pone en entredicho la confianza que la sociedad ha puesto en el Museo».

20 de octubre de 2008

A Kundera que le cunda



Los escritores juzgados por sus obras me gustan más que los quemados en las hogueras de sus actos. PERO por qué les exigimos ser prefectos en nuestro precario espejo...

"(del ABC, Villapadierna desde Fráncfort) ...La crisis, sobre la que ya circulan análisis como «Six days that shocked the world» o «Too big to fail», es un rumor a voces pero los editores son cautos ante sus consecuencias. Aunque la presencia de expositores ha sido incólume, ya tenían contratado antes del estallido y el resultado se verá más bien en el año entrante; Joaquín Palau, de RBA, avisa que desde el verano los libreros están pidiendo la mitad, y otros reconocen reducir programa, rebajar adelantos y reciben más devoluciones, pese a confiar en una estabilización del mercado y a que agentes como Carmen Pinilla, o editoriales como Seix-Barral, no constaten una caída en la compraventa de títulos."

Ese será pronto el problema y no la delación de Kundera. Aunque su conciencia y no la del mundo deberá soportar que el delator estuvo a punto de ser letal y que, tal vez por cobardía, permitió que su víctima creyese toda la vida que era la mujer que ambos disputaban la que le había delatado.

Así que prefiero los escritores juzgados por sus metáforas a los intelectuales quemados en las hogueras de sus actos. Somos los lectores los que nos empeñamos en darles una pátina de perfección, tenerlos en una hornacina, con aura de santidad. Pero la literatura a menudo surge de la culpa, de las mazmorras de la conciencia, de la singularidad, cuando no de la monstruosidad. Lo mejor y lo peor del hombre está retratado en la conciencia lineal de los libros que nos han hecho como somos.

¿Una delación? Valiente cabroncete con 20 años Kundera. No me gusta menos que antes. Ni más. Leí la Insoportable y la Broma. Al llegar a la Inmortalidad, ya me caí de su inescrutabilidad moral, o amoral.

La vida es dura
Nadie es perfecto.
¿A quién vamos a engañar?

El ejemplo del escritor es muy penoso. Es toda la sociedad la involucrada en la vida pública y la que tiene tanta embriaguez con las figuras de fama; seremos mitómanos, pero todos debemos sentirnos impelidos a pulir la propia vida. Estamos en este mundo para eso, ¿o no? Unos la pulen y otros se la pulen.

Ellos, los escritores, no son mejores por escribir. No debemos exigirles serlo. Pero tampoco debemos seguirles como gurús laxos de no sé qué religión. Maduremos, por Dios. Y sepamos a quién admiramos y por qué. Al periodista hay que exigirle que no mienta, pero al escritor no podemos caparlo de imaginación a priori. Le pagan para mentir bien.

El ejemplo del escritor no está en la letra. Está -de estar- en el espíritu de su letra y por eso y sólo por eso nos conmueve. Que cada palo aguante su vela, y cada escritor el peso de sus obras y sus actos.
A Kundera que le cunda. Y dejad que yo prefiera...
lahoguera, lahoguera lahoguera

14 de junio de 2007

Terra incognita


Carta de África interior de Andreas Cellarius





En los mapas antiguos quedaron registrados lugares que hasta bien entrado el XIX no serían re-descubiertos por el homo sapiens sapiens occidental -doctor Livingstone, I presume- con la mano tendida a una mentalidad finalmente colonial. Siempre le tocaba a África.

Hoy, en los mapamundi de la OMS que reflejan los casos mundiales de la peor de las tuberculosis conocidas -la que resiste a todos los antibióticos- ocurre lo mismo, aunque sin salacot, para nuestra sorpresa. Y debe ser por algo.








¿Es que en África no hay casos? Realmente debe haberlos. El problema es que tal vez no existan los mismos sofisticados análisis, ni los medios suficientemente coordinados y calibrados y así todas las tuberculosis se contabilizan como la común. África aún es terra incognita, lugar en el que el sol nuestro de cada día pareciera no iluminar. Tierra ultrarresistente a la comodidad de nuestro conocimiento.

19 de mayo de 2007

Aprender a ser mortal












Lo que queda de Troya en Google Maps

Poemas y mitos iluminan el presente. No son cuentos antiguos, son arcanos que proyectan nuestro propio perfil más allá del tiempo. En medio de una sociedad secularizada y nihilista, en el centro de una polis que reclama más que nunca la construcción de una ética laica que sirva para todos y no implique recompensas supraterrenales, alguien vuelve a echar una ojeada al principio de todos los relatos: La guerra de Troya. Y es una mirada suculenta la de Javier Gomá en el libro Aquiles en el gineceo (Pre-textos), en el que se pregunta por qué un semidios abandonaría el más confortable de los refugios para dirigirse a una muerte profetizada (su madre lo había ocultado entre las hijas de Licomedes para que los griegos no lo hallasen). Pero, ¿por qué volver a Aquiles? Gomá lo identifica con un estadio ético hoy fundamental.

La modernidad siempre prefirió a Ulises, el héroe que sabe entrar y salir del fuego. Hasta Ulises, la nobleza estaba siempre por encima de la astucia y los héroes embestían de frente. Con Ulises, mimado por Atenea, eso cambia. De hecho él le hablaba íntimamente a la diosa (varias veces le requiebra: "Ahora, más que nunca, séme propicia"). Su astucia inventa el caballo de Troya, codifica una lectura pragmática de las reglas que otorga ventaja al jugador más despierto y cimenta nuestro mundo moderno. Pero, aunque la modernidad lo perdonara o lo pasase por alto, recordemos que Ulises también tuvo que elegir un día si acudía a la guerra de Troya. Sin embargo él, desde la astucia, trató de objetar, de librarse del compromiso heleno contra Troya, alegando demencia.

Cuando Menelao fue a reclutarle, sencillamente se hizo el longuis, y sólo la protección de su hijo Telémaco (cuyo nombre significa "batalla decisiva") le obligó a renunciar a su estratagema. Pero lo que hace muy distinto el calado de su elección si lo comparamos con Aquiles es el detalle de que sobre Ulises pende un augurio que se limitaba a anunciar que no regresaría hasta el vigésimo año y lo haría como un mendigo al que nadie iba a reconocer. Algo molesto, sí, pero no mortal. Y Ulises era rey de su isla esquiva, pero no inmortal. La fascinación de la modernidad con el héroe de la Odisea se alimenta también con su largo extravío, que tampoco deja de ser el camino que manaba de la pragmática astucia.







Rubens/ Van Dyck

La elección de Aquiles, hijo de la diosa Tetis, sería muy diferente. Él sabía que su decisión era entre una vida muelle y eterna, pero sin gloria -de la que el gineceo era sin duda un generoso adelanto- y el más breve y glorioso existir sobre la tierra, proyectando la sombra del héroe por antonomasia sobre los siglos de los siglos. Y aquí estamos una vez más hablando de Aquiles, en 2007, de su figura y de su aceptación del desafío de morir.

Porque de eso se trata, de nuestros tratos con la muerte. Asumir hoy la mortalidad, cuando nuestra sociedad oculta la agonía y desliza los cortejos fúnebres por las autovías de circunvalación, no resulta conveniente. Y dice el poeta más útil de la tribu:

Me cruzas, muerte, con tu enorme manto
de enredaderas amarillas.

Me miras fijamente.
Desde antiguo
me conoces y yo a ti.

Lenta, muy lenta, muerte, en la belleza
tan lenta del otoño.

Si ésta fuese la hora
dame la mano, muerte, para entrar contigo
en el dorado reino de las sombras.

J. A. VALENTE

No deja de resultar curioso que Javier Gomá invoque la decisión de Aquiles, el héroe ante el que palidecen los demás guerreros de la historia, para poner el acento en un punto novedoso: la asunción de nuestra mortalidad es un asunto político, porque importa a los miembros de la sociedad. Esto es cierto de muchas maneras, porque la implicación del individuo con sus semejantes, su capacidad de trabajo, su raigambre, su familia, sus ambiciones proyectadas en dimensiones humanas, sus meros sueños, incluso su inclinación a disfrutar del ocio, tejen la fuerza de una sociedad.

Inconscientemente, muchas culturas han mantenido un rito específico para el momento en el que el individuo abandona la niñez y se incorpora al mundo productivo y reproductivo de los adultos. La toga viril de los romanos o el Bar Mitzvah judío son dos ejemplos, cuya lectura armoniza en el libro con el mito de Aquiles, porque la llegada al mundo del adulto y el abandono de la niñez no son sino la templada asunción de la mortalidad propia y el abandono del halo de divinidad que irradia desde el esplendor de la infancia.

En definitiva, el libro de Gomá nos invita a reflexionar de manera pertinente sobre un dilema contemporáneo: por mucho que la sociedad se abandone a una especie de adolescencia sin fin, puramente estética y subjetivista, cuyo desarrollo no sabe ni puede esquivar el nihilismo que lacera nuestro mundo sin sentido y sin porqué, Aquiles en el gineceo nos afina para pensar hasta qué punto se puede objetivar nuestra existencia -la finitud de nuestra existencia- en los otros, en la sociedad, la polis, en nuestra aportación al continuo avatar del mundo. Al elegir asumir nuestra muerte, todos conectamos con Aquiles, un héroe cuya estela no se ha limitado a la cólera cantada por Homero, sino a su decisiva intervención en el momento clave de la historia, de Grecia -cuando Troya cae y ello termina con diez años de guerra por el dominio comercial del Egeo en los albores de nuestra civilización-, de su propia vida -al elegir la gloria de la vida mortal, pese a su brevedad, frente a la gloria olímpica-, y la de la nuestra -según el ejemplo que nos ofrece en su libro Gomá:

"Cuando elegimos una profesión en la organización social o concebimos por otro yo un amor ético que funda una casa, en esa misma hora el sujeto se está jugando su propia mortalidad. Aunque resulte extraño la finitud debe elegirse y ser objeto de personal apropiación, no es algo que ya esté dado o pueda uno disponer de ello sin esfuerzo ni aprendizaje. Más aún, es la tarea de toda una vida que no termina nunca de completarse", dice Gomá en su libro.

Uno no puede evitar acordarse de otros mitos, antiguos y modernos, al abordar este asunto; y sobre todos, uno brilla, por su poética claridad. Éste:

”I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams … glitter in the dark near Tanhauser Gate. All those … moments will be lost … in time, like tears … in rain. Time … to die.”

Quien habla es Roy, el replicante de Blade Runner, un ser excepcional creado por el hombre metido a dios. Y entonces el clon ofrece esa lección de asunción de la mortalidad como amor a la vida misma en toda su humana dignidad. Claro que Roy lo sabe al final de sus días. El mérito trágico de Aquiles sigue siendo haber tomado conciencia y decisión en plena juventud.

Trágico como Aquiles o dramático como el clon, la aceptación de la mortalidad nos atañe a todos, como búsqueda de un sentido propio y ético de la vida, que nada debe a consideraciones que están fuera de lo humano. Que pueden ser importantes, pero que aquí no importan.

En definitiva, en una perspectiva actual y contenida, a la que otro buen poeta da su voz:

Matinales neblinas, tardes rojas,
doradas; noches fulgurantes,
y la llama, la nieve;
canto del cuco, aullar de perros,
silente luna, grillos, construcciones de escarcha;
el traqueteo del tren, del carro, niños,
amapolas, acianos, y desnudos
árboles de invierno entre la niebla;
los ojos y las manos de los hombres, el amor y la dulzura
de los muslos, de un cabello de plata, o de color caoba;
historias y relatos, pinturas y una talla.
Todo esto hay que pagarlo con la muerte.
Quizás no sea tan caro.

José Jiménez Lozano, El precio

18 de mayo de 2007

Un blog de junio de 1991




Puede parecer increíble, pero después de darlo por perdido durante unos años, he rescatado "EL ROLLO", un blog, o una especie de blog que escribí a máquina en junio de 1991 sobre papel continuo.

Estudiaba el último año de carrera, aunque llevaba ya un par de años trabajando, cuando cayó en mis manos aquel rollo de papel fotográfico velado. Era uno de esos rollos, de unos cuantos metros, de los que se empleaban en fotocomposición. Ni corto ni perezoso me lo llevé a casa y, casi sin querer, mientras comenzába a estudiar para mis exámenes finales, desde la otra punta de la habitación, empezé a mirarlo. El rollo era un "gran atractor":

-¿Qué voy a hacer contigo? -nos preguntábamos mutuamente.

Después de algunos días, súbitamente, averigüé lo que yo haría con él. Creo que desenfundé antes, y por poco. Sencillamente lo metí en la máquina y dediqué a escribir en él todo el tiempo que pude en el par de semanas en las que estuve encerrado estudiando los exámenes finales. Es un retrato sin filtros ni mediaciones de las historias que pasaban por mi cabeza, los relatos que lucubraba, las ensoñaciones, los poemas géiser que salían despedidos del encierro con los apuntes...

Una fotografía de la imaginación espoleada por el agobio de terminar la carrera en pleno inicio de mi vida profesional. A diferencia de otros formatos similares (Kerouac) el Rollo es un cúmulo abierto sin temáticas acotadas, no es un relato ni un poema, aunque está lleno de ambos. Tal como venían las palabras, la máquina las escupía, hasta que, metro a metro, el papel se consumió. Intenso y espontáneo como tal vez nunca más me ha sucedido.

Acabé aquel blog de los tiempos remotos (que llamaríamos hoy a. de B., antes de Blogger) casi al mismo tiempo que los exámenes. Poco después, a los pocos días, Sudáfrica suprimía el Apartheid, y Boris Yeltsin era elegido presidente de Rusia mientras la URSS se descomponía en mil pedazos.

Pero todo eso ocurría fuera. El Rollo no era un blog de actualidad. De todos modos, al volver a verlo pensé qué haría hoy con él. Y prefiero desenfundar rápidamente, otra vez, Billy. He decidido colgarlo, próximamente, para echar unas risas, o al menos unas sonrisas con vosotros -y con James Joyce si hace falta por aquello del Portrait of an artist as a young man... Sabréis perdonármelo.


.

11 de abril de 2007

Una o dos voces para la revolución tranquila



Unas fotos de la cantante rastreadas en la red

Acaba de empezar. Corre la fama de Kate Walsh. Al contrario que casi todos, la chica dice que no tiene iPod, ni enchufa la tele desde hace casi un año. Cuenta 23 primaveras y canta como el ángel fieramente humano. Signo de los tiempos, ha grabado unas canciones en casa de su amigo músico y multi-instrumentista (las dos cosas, debe ser) "Tim" y ahora actúa y vende su música en internet, número 1 en iTunes.

Su amigo y ella se han tomado en serio producirlas limpiamente con los medios que los ordenadores ponen hoy a disposición de todos. Lo han hecho a su gusto y no al de una casa discográfica más reconocida y gracias a ello han ganado toda la libertad que querían. El resultado es impresionante. Las canciones son desde luego más hermosas que caseras, nos conmueven, y están en un disco llamado así: "Tim's house", la casa de Tim, faltaría más. La propia autora dice que han sido pensadas, creadas o sentidas en largas horas de paseos por una playa o sencillamente sentada. Nada de iPods, ni loops. Estamos intramuros de The quiet revolution.

Papá escuchaba clásica y Pink Floyd, nos dice Kate Walsh. Y mamá tocaba el piano mientras adoraba a Hendrix, Beach Boys... La muchacha estudió piano desde los 5 años. Sus tíos maternos -le viene del palo la astilla- estaban metidos en músicas experimentales de la galaxia electrónica. Ahí es nada. Pero fue el impresionista francés Claude Debussy quien introdujo el veneno musical con el que ahora ella misma nos alimenta: le dio, según sus palabras, el gusto melódico...

Mis canciones, prosigue, hablan de crecer en una pequeña ciudad y de mis males de amores. No alardea de una vida amorosa exuberante, sino de haberse dejado enriquecer, del compromiso con la vida que supone haber apurado los vientos hasta el fin de los suspiros y hasta la espuma las mareas del amor que le llegaban... A todo sí.

Lo mejor es que pudo continuar sus estudios musicales superiores en The London College Of Music and Media in Ealing. Y pronto hubo incluso quien se ofreció a producir sus canciones, pero escamada de las generaciones OT que se soterran unas a otras en fosas comunes del consumo musical, o que entran una tras otra en el siguiente vagón de camino al olvido sin rozarle, sin erizar el vello a alguien, decidió incluso dejar la escuela que tan amablemente le ofrecía el pacto con el diablo y prefirió volar con sus propias -y qué hermosas- alas. Y ahora ha llegado solita al lugar exacto donde quería estar.

Hay mucho más que contar, pero quien quiera saberlo que busque en su web de myspace o ...en la otra

Postdata: Y para quienes gustan de esta pequeña y tranquila revolución, resulta también recomendable la voz de otra mujer, española, que graba sus canciones en su propia casa y se llama EstherLo. Quién sabe cuánto oiremos hablar de ella.

19 de marzo de 2007

300, las Termópilas
y las manifestaciones

Qué poco hemos avanzado desde Grecia, en tantos sentidos...

Ya entonces, en el bando griego estaban contados los soldados y las armas *. Pero las cifras del bando persa nunca estuvieron claras. En realidad lo que había era una guerra de cifras, como fondo a la batalla de las Termópilas. Verbigracia: los persas serían entre 250.000 (según la delegación del Gobierno) o un total de 1.000.000 de soldados (según la Comunidad de Madrid) ¿Cuántos formaban en realidad el ejército invasor? Tal vez la media...

Con motivo del estreno de la película, valga esta broma para destensar nuestra Numancia, en la que todos estamos numancos de una de las dos Españas

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(*)
300 hoplitas espartanos (a los que hay que sumar otros 600 ilotas, pues cada espartano llevaba dos siervos a su servicio), 500 de Tegea, otros 500 de Mantinea, 120 de Orcómeno y 1.000 hoplitas del resto de Arcadia: 400 de Corinto, 200 de Fliunte, 80 de Micenas, 700 tespios y 400 tebanos, además de 1.000 focenses

Banderas
(homenaje a Tip y Coll)

Instrucciones para usar una bandera (drapeau): aunque usted sea pequeño (smirriau), se coge el palo (palé), la cuerda (cuerdé) y se hacen nudos y nudos (nudés y desnudés). Luego se agita al viento (se gonfler o aventér), a favor o en contra del gobierno (Zetapú ou Zetapé). Si es un nostálgico de mierda (¡oh la la!, constipation), su remedio (laxatif) será la banderita del pollo (le petit drapeau poulette) o la tricolor republicainita (republicainette). Si usted se manifiesta democráticamente (y ¡voilá!) deberá ser paciente cuando Acerben los Pepiños (Acebés les Pepiñons Blancons). Digan lo que digan (digons lo que digons) y escojan lo que escojan (escojons, escojons), no se sientan hasta desvalidos (hasta des ballons). Las banderas son de usted, y no de Mariané ni de Zetapé, así que regardez otra vez la gilipolluaz.

7 de marzo de 2007

Briseida

-Lo malo del entusiasmo, en los políticos, es el indisimulo.
-¿Su primer entusiasmo cual fue?
-Briseida
-No jodas, hombre, digo de ahora.
-El Tinell, el pacto.
-¿Que tiene de indisimulo?
-Dice: "CRITERIOS SOBRE ACTUACIÓN POLÍTICA GENERAL
"Ningún acuerdo de gobernabilidad con el PP, ni en la Generalitat ni en el Estado Los partidos firmantes del presente acuerdo se comprometen a no establecer ningún acuerdo de gobernabilidad (acuerdo de investidura y acuerdo parlamentario estable) con el PP en el Govern de la Generalitat. Igualmente estas fuerzas se comprometen a impedir la presencia del PP en el gobierno del Estado, y renuncian a establecer pactos de gobierno y pactos parlamentarios estables en las cámaras estatales".
-¿Es el Big Bang de lo que está pasando?
-No. Es, sencillamente, antidemocrático, no habla de elecciones. Y el tic totalitario hasta hoy... Todo entusiasmos, preámbulos.
-Briseidas. Pero no hay nadie libre de pecado, ni en la izquierda ni en la derecha.
-Pero hay un pacto firmado a un lado, el que gobierna.
-¿Y el otro?
-El otro mal disimula los celos por la esclava.
-Del poder.
-Y de sus erratas.

2 de marzo de 2007

El lobo feroz vuelve a comer (De Juana)

La abstinencia
no le revistió
de una piel de cordero

Ahora,
de tripas,
¿quién hace corazón?

12 de febrero de 2007

Los ritos de Matsu




Matsu, diosa del Mar en China tiene un templo precioso en Tainan, al sur de Taipei. Allí, al entrar, nos sorprende esta letanía cantada para purificar el templo y alejar del recinto a los malos espíritus. Sólo teníamos a mano la cámara de fotos, pero el sonido es aceptable y la imagen da una idea de la riqueza del templo y de la intensidad del momento.

Apenas con pequeñas campanas vibra todo el aire dentro del templo, las mujeres giran sobre sí mismas, repetidamente invocan a la diosa y preparan el templo para la gran fiesta. Matsu es la diosa a quien sirven otras deidades, como los dioses que representan a los cuatro mares conocidos del orbe chino. La diosa prometió un día hacer todo lo posible para que nadie vuelva a perecer en un naufragio.

Por eso debemos pedirle que nos sea propicia, también aquí, en el mar del tiempo.


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H i s t o r i a de M A T S U
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Según afirma Luis M. Chong en su blog, Matsu tiene una variedad de títulos que fue adquiriendo a través de los siglos: Santa Madre en los Cielos, Concubina Celestial, y Emperatriz Celestial. Es la protectora de la gente común y eso la convierte en una deidad popular.

En China, muchos dioses parten de una historia real y esta es la de Matsu, siguiendo a Luis M. Chong:

"Era una sencilla muchacha que nació en el pueblo de Meizhou, una pequeña isla en la provincia de Fukien, China continental. Su nombre real era Lin Mo-niang y ella era muy piadosa con sus familiares y vecinos. Según los registros que se conservan en muchos templos, ella salvó muchas personas, incluyendo a su padre y hermanos, de perecer en medio de terribles tormentas. Su antepasado más remoto es Lin Lu, un funcionario de la dinastía Tsin (265-420) que fue enviado por el Emperador para ocupar el cargo de prefecto de la ciudad de Foochow en el año 325.
De acuerdo con la tradición popular, Lin Mo-niang fue llevada a las nubes en el noveno día del noveno mes lunas del año 987, cuando tenía apenas 27 años de edad. El fenómeno ocurrió en la cima del Monte Meifeng, cerca de su pueblo natal y ella se transformó en una diosa.
El más antiguo de los templos dedicados a Matsu en el área de Taiwan no se encuentra en la isla principal, sino que está en el cercano archipiélago de las Pescadores (Penghu). En este grupo de diminutas islas se encuentran más de 140 templos, pero el más importante de ellos es el Templo Tienhou, dedicado a la deidad guardiana de los mares.
El Templo Tienhou fue construido a inicios de la dinastía Ming (1368-1644), y se le considera como el edificio religioso más antiguo que se haya construido en Taiwan. En 1563, tras el triunfo en una batalla naval contra los japoneses, el entonces Templo de Matsu fue expandido por primera vez. Posteriormente, fue renovado y agrandado en 1592, cuando el ejército de la dinastía Ming obtuvo otra victoria sobre los japoneses. Finalmente, cuando los holandeses fueron expulsados de Penghu en 1624, fue renovado otra vez.
En 1683, las fuerzas manchúes bajo el mando del almirante Shih Lang atacaron Penghu y destruyeron el último reducto de la resistencia de los grupos leales a la derrocada dinastía Ming. Al desembarcar, Shih acudió al templo para agradecer la ayuda de los dioses. En su informe al Emperador, Shih reclama que cuando entró a la nave principal del templo, la cara y el vestido de la diosa estaban empapadas con sudor, siendo señal que ella le había ayudado en su campaña contra los rebeldes que rehusaban aceptar el mandato de la nueva dinastía.
Al año siguiente de la victoria, se emitió una proclamación imperial elevando a Matsu a la posición oficial de Tienhou o "Reina del Cielo". Con tal proclamación se confirió el nombre que actualmente lleva el templo y el reconocimiento oficial de la deidad aumentó la devoción en el pueblo y la importancia de los templos dedicados a ella.

Existen más de 200 templos de Matsu en Taiwan, y el Templo Chaotien es considerado como uno de los más importantes sitios dedicados a la deidad en la isla. Todos los años, cientos de miles de fieles acuden al sitio en primavera para participar en las celebraciones del cumpleaños de la protectora de los mares.

Las celebraciones, que suelen durar una semana, tienen como punto de partida el Templo Chenlan, ubicado en Tachia, distrito de Taichung. La impresionante procesión tiene un recorrido total de 372 kilómetros y pasa a través de los distritos de Taichung, Changhua, Chiayi y Yunlin, antes de retornar al templo en Tachia. En el trayecto, la imagen de la diosa visita alrededor de otros veinte templos dedicados a ella.

18 de noviembre de 2006

Todos los Prometeos roban algo

FOTO JPL/NASA

Es cosa de niños. Einstein decía que Dios juega a los dados. Más allá de las metáforas sí existe el juego, según vamos descubriendo, además de violentos cataclismos, ahí arriba.

Tal y como se vio cuando se descubrieron lentas ondas gravitatorias que mecen los anillos de Saturno, el sistema anular de este planeta no deja de captar nuestra atención, sorprendernos y hacernos sonreír. Hoy es este juego gravitatorio.

Se trata de Prometeo, una roca traviesa de cien kilómetros de ancho. Una vez por órbita acaricia el anillo F y le pellizca un girón. Prometeo, el de la mitología, robaba fuego a los dioses. El satélite Prometeo roba polvo y hielo flotante al cinturón de Saturno (¿acabará usando tirantes?). El caso es que está previsto que en 2009 la roca se zambuya de lleno en el anillo F, y los astrónomos esperan para ver qué ocurre, si rompe el anillo, si le roba su materia. Si los dioses lo castigan.

Tal vez también a éste le llegará su sanmartín.

17 de octubre de 2006

La máquina del tiempo

Estábamos en el despacho de Juan Luis Arsuaga, en el Instituto Carlos III.

Él trataba de poner un ejemplo de cómo el tiempo es un continuo, que nos relaciona con el pasado remoto, directamente. Una idea de arraigo interesante, en la que el fósil es mi abuelo, y mi maestro, en la que yo repito y renuevo sus sueños y sus miedos, sus costumbres paleolíticas. El paleontólogo propone un juego: mira el dentro del paisaje y encontraras tu rostro.

«En la llamada Tierra de pinares, -dice Arsuaga- en Segovia, junto a Santa María la Real de Nieva y Domingo García hay un afloramiento de pizarra, y, grabado, un caballo paleolítico. Los pinares están plantados sobre un mar de dunas, un desierto -como el Gobi-, trenes de dunas que había al final de la glaciación hace trescientos mil años, con humedales intercalados. Allí estaban vagando las manadas de caballos y los hombres las seguían. Desde allí se domina toda la zona, es un hito. Hay tumbas visigóticas excavadas en la pizarra. Es un lugar mágico y más mágico si sabes todo esto.»
»Si puedes entenderlo e ir más allá en la visión de continuidad, llegarás a los pinares en su uso tradicional para resina, durante miles de años, y la llevas a nuestros días y vas a Cantalejo, donde hasta ayer todavía se tallaba la piedra exactamente como en el paleolítico para fabricar las lascas de pedernal de los trillos.»
»Si eres capaz de ver todo esto en la misma visión: las rocas y su origen, la glaciación que hubo allí, los campos de médanos, las arenas voladoras, las manadas de caballos, los grabados, los pinares, la explotación de la resina, las piedras de los trillos..., si eres capaz de tener esa visión integradora del pasado más remoto con el presente más cercano acaricias esa continuidad. Y está el románico de Santa María, y ahora el AVE, y la amenaza de un embalse en la zona de Bernardos.»
»Y al fondo se ve la sierra, azulada, y en primavera coronada de nieve. Pío Baroja decía que parecía una ola gigantesca sobre la meseta. Uno comprende así que es un lugar sagrado.»
»Ese es el servicio que aportan la ciencia y la cultura. No puedes estar trabajando toda la semana como un negro y luego irte a un centro comercial. Hay que sublevarse, eso no es la vida humana. El placer de las cosas -concluye Arsuaga- está en directa relación con el conocimiento que tengas de ellas.»

-Ese es el sitio adonde yo iba en bici a jugar, a ver el caballo, a recolectar piritas de hierro, a mirar el mar de pinos a la espera de un barco... Ese es un territorio que dibuja mi rostro con cara de niño.
-Ya es casualidad. Entonces lo entiendes perfectamente.


El presente nos cerca. El pasado es un sendero borrado, una estela desapareciendo. Hay que leer los signos, es bueno para la memoria, y no nuestros prejuicios. Las líneas imaginarias sólo son un apaño. Sin el ecuador, los meridianos, las órbitas, todo es más bello.

Un hombre caminando, una mujer caminando. Un caballo dibujado en una piedra, bajo las nubes. Y la máquina del tiempo, que mira por nuestros ojos.

10 de julio de 2006

Musa y variaciones

poetic unreason

Algunos escritores son exploradores. No desfilan como modelos morales ni sociales por el mundo. Están ahí, y dejan huellas para llamar nuestra atención. Invocan nuestra libertad de conciencia, sobre todo de conciencia, nos azuzan. Pero la libertad es nuestra, para explorar o no, con ellos o sin ellos de la mano.

Quién puede juzgar, extraliterariamente, los infiernos que habitaron, nos legaron o heredaron. A veces parecemos estúpidamente convencidos de que vivimos en un entorno controlado. Y el error no puede ser más grande.

¿Cuántos podrían protagonizar su propia pesadilla? ¿Cuántos acaban felices después de tantos tumbos? ¿Cuántos caen en manos de jóvenes viudas profesionales, atolondrados y flébiles ancianos, y son acaso por ello menos valiosos sus libros?

Cuantos mienten y engañan, lo hacen primero a sí mismos. ¿Es un lector dominical, por ejemplo, moralmente capaz de juzgar más allá de su libertad de exploración/ expresión? Amores otoñales, si Serrat los cantaba en Tío Alberto.

Y no sabemos lo que callan en proporción con lo que escriben, lo que ocultan en proporción con lo que muestran, lo que olvidan en proporción con lo que rememoran o inventan.

Como escribió mi amigo Gradolí: No conoces a un hombre, le miras solamente.

Está de moda analizar la salubridad política o sentimental de los escritores, no sólo por el dominical que, hace ya semanas me indignó tanto como para escribir esta entrada. Porque no trataba de conocer las tormentosas relaciones del poeta de Deià con quienfuese, ni de indagar bibliográficamente sus historias. Sólo se quedaba en el cotilleo de quién y a quién le compró qué casa...

Quien se adentra en una obra de arte lo hace a su propio riesgo, gustaba decir Wilde en el prólogo de Dorian Gray. Para leer un poema no es necesario mirar el IRPF de su autor, ni de su musa.

Está de moda juzgarlos como si fuéramos a votarlos para dirigir nuestras finanzas públicas. Y no, los leemos porque nos espolean, porque nos invitan a entrar literariamente donde no entraríamos de otro modo, tal vez. Los leemos porque tienen para nosotros mensajes cifrados desde algún lugar de difícil acceso, de vivencias inéditas o tierras ignotas. ¿Exigiríamos a Cervantes no ser prófugo? ¿A Byron no ser mujeriego? ¿A Sade no haber ni catado nada de lo que nos cuenta?

6 de julio de 2006

La Casa de Graves en Deià



Imagen de la casa tomada en abril

Maravillosa, aunque breve, conversación mantenida con Guillermo Graves el otro día para publicar en ABC la noticia de la reapertura de la casa familiar en recuerdo de su padre Robert Graves: un lugar mágico de la historia cultural de España y del mundo. He aquí la crónica fiel de aquella conversación:

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Pareció que Robert Graves celebraba otro de sus cumpleaños. La gente se arremolinaba junto a su casa a las afueras de Deià, en la costa norteña de Mallorca. Buena parte del pueblo se acercó a beber a su salud e incluso se presentaron algunas estrellas de Hollywood. Así era antaño, cada 24 de julio, cuando Robert Graves abría su casa para celebrar su aniversario y los invitados podían compartir unos momentos con Ava Gardner o Alec Guiness. Pero, por mucho que se pareciera el ambiente de ayer, el motivo de la reunión era otro.

El presidente de Mallorca, Jaume Matas (que se llevó una bolsa, por cierto, de hortalizas del jardín /huerta familiar) y las estrellas hollywoodienses Michael Douglas y su esposa Catherine Zeta Johnes, presidieron, por así decir, el brillante acto social con el que se abrió la casa de Robert Graves, autor de «Yo, Claudio» y también de «La diosa blanca», escritor de «El vellocino de oro» y asimismo de «Adiós a todo eso», poeta entre los grandes del siglo XX y soldado en las dos guerras mundiales.

Después de meses de rehabilitación, la morada de Graves ha quedado como estaba en los años cincuenta. Su hijo Guillermo nos lo comenta, con ilusión no ajena al sentido del humor. Es cierto que hubo algunos discursos, pero asistimos, gracias a sus palabras, a la apertura de un centro de la cultura que ahora se ha recuperado. Los lectores, aquellos a quienes las obras de Graves, en verso o en prosa, conmovieron o cambiaron, tienen la posibilidad de asomarse a aquella intimidad un poco indómita que habitaba en la España de Franco, en una aldea agrícola aunque anticlerical, como él solía decir.

En el piso de abajo, relata Guillermo Graves, «todo ha quedado como en los años 40. Los mismos muebles y el mismo ambiente de cuando vivíamos allí». Están sus plumas, su tintero y las fundamentales tijeras, que en sus manos acuñaban el valor del corta y pega que hoy todos hemos asumido a través de la informática. Están su despacho y el comedor de entonces, alimento del cuerpo y del espíritu, y al lado se ha recuperado la cocina de carbón marca AGA, «el Rolls Royce de las cocinas».

También está la imprenta que trajeron con ayuda de T. E. Lawrence para fundar Season Press, editorial que vio el nacimiento de un puñado de poemarios allí mismo, junto con la factura de los aranceles de su importación. El jardín, según queda dicho, ha vuelto a florecer con árboles cuyos frutos el escritor recolectaba y luego mercadeaba.

Y en la planta de arriba la zona de exposición con sus primeras ediciones a la vista, con el fin de demostrar qué hay más allá de «Yo, Claudio», un autor de 144 publicaciones, el 60 por ciento de ellas en prosa. Allí también documentos históricos, la carta de Gertrud Stein comentada por Graves, otra de Churchill agradeciendo el envío de un libro, su discurso al aceptar ser hijo adoptivo de Deià, una conferencia de Cela, la carta de la Reina Isabel II de Inglaterra otorgándole una condecoración poética, misivas de Thatcher y otros políticos ofreciéndoles oropeles del poder que nunca aceptó...

Graves dio a Deià la carretera que baja serpenteando a la cala recogida y preciosa. Y, en 1963, tras cartearse con Manuel Fraga, y luchar contra la burocracia, logró que llegase la luz eléctrica. Por eso la apertura de su casa es, otra vez, un acontecimiento, para el pueblo, las islas, para todos nosotros.

----------------hasta aquí lo publicado

En abril, el pasado domingo de Resurrección, en la iglesia de Deià sonaba un fraterno y cálido canto gregoriano. La música era un verdadero imán para el espíritu de los curiosos que paseábamos junto al templo o para quienes buscábamos, para honrarle o saludarle, the Graves' grave, la tumba del escritor, en el pequeño cementerio de piedra blanca, a esa hora humedecido por una fina y temprana lluvia. Resonaba el cántico entre las piedras y resbalaba por las hojas hasta desaparecer en la transparencia.

Luego, por la tarde, bajando hacia la cala, el canto de las chicharras era un verdadero imán también para el espíritu de aquellos a quienes los árboles apenas lograban proteger de los rayos del sol. Música de sol y viento junto al mar. Turistas también, como paisaje inesquivable ya en las islas. Pero no importa, al horizonte, la música del mundo y honores a la Diosa Blanca.

Tantas palabras, mitos, historias, canciones idas con la brisa y vueltas a romper junto a la orilla incierta de aquello que creíamos fundado firmemente en este tiempo presente. Pero es ley que el presente se define y delimita por lo ausente. En realidad, nada nos pertenece. Y nuestro presente huye por ese mismo camino de las ausencias que alcanzamos a rozar pero que escapan como el agua entre las manos.

A veces, la mirada se nos queda así desnuda o perdida en el tiempo. Y es todo lo que tenemos.

Nueva vida para los
Rollos del Mar Muerto

Nueva vida para los Rollos del Mar Muerto
Un muro negro y una cúpula blanca (los hijos de la sombra luchan contra los hijos de la luz) coronan el edificio del Santuario del Libro, diseñado como una cueva (foto:Israel Museum)
En mitad de la tormenta que vive hoy Oriente Próximo, Jerusalén vuelve a mirarse en el pasado, esta vez buscando pistas para salir del conflicto. En pleno capitolio jerosolomitano, rodeado por los edificios oficiales, el Museo de Israel afronta unos años de obras de ampliación. Pero justo antes de empezar, uno de sus núcleos fundamentales, el Santuario del Libro, acaba de inaugurar una reforma que incluye un nuevo centro de investigación que quiere iluminar, con la Biblia -Libro de las tres religiones monoteístas- como testigo, un camino de entendimiento en la región.

La tenue luz de ese camino apenas nos llega entre tantos disparos, pero fulgura allí donde se custodian los famosos Rollos del Mar Muerto, que fueron hallados fortuitamente por un beduino en 1947 en el interior de una cueva. «Es uno de los más grandes hallazgos arqueológicos del siglo XX», nos comenta Adolfo Roitman, el conservador jefe del Santuario del Libro y máximo resposable de su conservación.
Roitman califica los cambios que aborda el Santuario del Libro como «una revolución conceptual. En estos días de tanto desencuentro entre oriente y occidente, incluso específicamente los días difíciles que estamos viviendo aquí en Israel, el mensaje es la posibilidad de ver un poco más allá de los nubarrones que nos envuelven y discriminar cuánto tenemos de común. El texto bíblico es fundacional para las tres religiones monoteístas y también es un texto en el que, aún hoy, hombres de buena voluntad de todo el mundo, no importa la raza, ni el sexo, pueden encontrar inspiración e incluso consuelo».

Los buenos deseos se traducen ya en un centro de informática y de estudios, financiado por la Fundación Dorot. La reforma incluye un nuevo acceso -junto al que se ha trasladado una espectacular maqueta de Jerusalén en el año 66 (la del Segundo Templo, el de Herodes) de casi mil metros cuadrados- y un auditorio. Además, el Santuario ha producido su primer filme, para tratar de explicar el mundo espiritual de los sectarios en el judaísmo del tiempo de Jesús.

Manuscritos fundamentales
Se llama Santuario del Libro porque se centra en la Biblia, a través de los Rollos y, en una cripta, atesora otras ediciones preciosas, como la Biblia de Aleppo, que tiene mil años y conserva el texto masorético, a partir del cual se interpreta la traducción del original, un códice que Maimónides llegó a utilizar en El Cairo para su versión.

La importancia de los Rollos radica, según explica Roitman, en que en ellos aparece «un estadio formativo del judaísmo del que nacerá la tradición rabínica histórica y también el cristianismo».

Resulta excepcional la enorme riqueza de géneros literarios que hay en los Rollos y, en ocasiones, la aparición de libros que nos eran antes absolutamente desconocidos. Fueron producidos por un grupo, no muy numeroso, una «comunidad», tal y como se define en los textos, que pudo albergar entre 40 y 150 miembros, pero que tendría gran influencia en su época por estar formada por rigurosos intelectuales, que nos han permitido realmente ver bajo nueva luz toda la época.

Roitman afirma con entusiasmo que «a estas alturas se han publicado todos los textos de los Rollos, ahora tratamos de entender aquel mundo y ver cómo encaja en la realidad que ya sabíamos». Pero, inmediatamente añade: «Como siempre, surgen más preguntas que las que el descubrimiento responde. Por eso, los trabajos de síntesis serán el gran desafío de la nueva generación de investigadores, para los que será muy útil el nuevo centro que inauguramos en el Santuario».

Fiables como los restos de dinosaurio

Para entendernos, el conservador jefe del Santuario nos explica que, por un lado, tenemos la tradición bíblica y, por otro, los materiales legados por la tradición rabínica, que suelen ser posteriores en varios siglos, ya que las copias que nos han llegado parten del siglo II de nuestra era. Ni siquiera las fuentes clásicas eran más fiables: «los escritos de Flavio Josefo nos llegaron no en su original sino a través de versiones realizadas por copistas cristianos muy posteriores. Lo mismo pasa con Filón de Alejandría, así como con lo que llamamos literatura apócrifa y pseudo epigráfica, formada por textos que en su mayoría no nos llegaron en su lengua original y son cientos de años posteriores a su redacción, lo cual no permite asegurar qué añadidos u omisiones han sufrido a lo largo de un periodo tan largo, ya que conceptos nuevos o ideologías pudieron infiltrarse en las copias con el pasar del tiempo», sintetiza Roitman.

Lo hallado en Qumrán es especial porque los documentos son de la época misma. «Es como si fueran restos de dinosaurios -añade el responsable del museo-, y forman un testimonio del mundo antiguo que no ha sufrido modificación alguna por hombres de épocas posteriores, lo que nos permite ubicarnos, como a través de un túnel del tiempo, en la complejidad del judaísmo de la época helenístico-romana, lo que los judíos llamamos la época del Segundo Templo.»

Roitman relata que los libros más populares en Qumrán fueron el de Isaías y un rollo con las reglas de la comunidad. Isaías fue muy importante para los primeros cristianos; de hecho, en su libro se pronuncia la mayoría de las profecías cristológico. Y era muy querido por grupos mesiánicos que creían vivir en el final de los tiempos.

Las reglas de la comunidad de Qumrán
Rollo de la comunidad (1QS) del se han encontrado 12 copias (Israel Museum)

El rollo de la comunidad es crítico y crucial para entender lo que acontecía en Qumrán. Las reglas describen el procesao de aceptación de un nuevo miembro, que duraba dos años, en los que era repetidamente sometido a examen. Al final del proceso sus bienes pasaban a la comunidad, detalle que se repetirá en los primeros cristianos (Hechos de los Apóstoles II, 42-44). También se describe su rigor en los castigos, desde reducciones de la ración de comida a la expulsión.

Solemos hablar de los esenios, pero esa palabra no aparece en ningún lugar de los Rollos, es un nombre legado por las fuentes clásicas. Pero hay pasajes del Nuevo Testamento donde Jesús se refiere a grupos parecidos al que nosotros conocemos. Por tanto la conclusión de este especialista es que sus ideas no pasaban desapercibidas en aquel entorno del cambio de era.

Llevaban una economía autárquica y aún se discute su orden social. Casi todos los investigadores aceptan que había un círculo amplio, un grupo que vivía en los campamentos, sus núcleos urbanos, y que llevaban una vida familiar. Hay documentos que describen los casamientos y otras actividades. Por el otro lado, había un núcleo central, pequeño y radical que dedicaba su vida exclusivamente al estudio, vida "monacal", que no se dará luego en el judaísmo y sí en el cristianismo.